Archivos Mensuales: mayo 2011

El acosador (parte 1)

Cuando la camarera entra en el bar, ya está dentro un latino bajito y enclenque, bastante feucho y con una horrible visera en la cabeza. Es un cliente habitual (aunque no ha coincidido con su turno antes) y por tanto hay que ser amable con él, así que cuando le tiende la mano, aunque saludar así a desconocidos en pleno verano, le estrecha la mano a su vez.

No obstante, el acosador se pasa tres pueblos (la primera vez de muchas) y decide hacerle un besamanos. La camarera aparta la mano rápidamente y le lanza una mirada de reproche y advertencia, tras lo cual sigue a lo suyo.

El acosador no tarda en pedir otro tercio y pide (o más bien exige) a la camarera que se cobre otra consumición para ella, a pesar de que ella ha insistido en que acaba de comer y no le apetece nada. Como empieza a montar la bronca, gritando que se sentirá ofendidísimo si no lo acepta, acaba por cobrárselo para no oirle, pero no se toma nada.

Luego empieza a decir sin parar que qué guapa, que es una persona triste que no sonríe (¿cómo va a sonreir, si tiene a un pesado que no la deja en paz?) y no atiende a razones: hora y media se pasa sin parar de lanzar piropos ofensivos y pedirle que le de la mano nuevamente (evidentemente, no se la da).

Finalmente, tiene que venir un compañero y la camarera se prepara para ir a casa mientras le cuenta lo que ha pasado.

– Ten cuidado con ese, que está recogiendo -dice.

La camarera, algo asustada pero más enfadada que otra cosa, pone las llaves de su casa a modo de puño americano y se limita a decir:

– ¡Que se atreva!

Por suerte, el acosador está borracho y falto de reflejos, además de no haber pagado aun la cuenta, y la camarera se puede marchar sin que éste le siga.

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El baboso: ese horrible espécimen

¿Qué es un baboso?

Un cliente, generalmente no habitual, que te mira como si estuvieras desnuda y no te quita la vista de encima un segundo.

Un imbécil que se cree que por decirte que eres guapa y mirarte apreciativamente (aunque la mirada es más bien de salido) va a ganar puntos contigo.

Un idiota machista que no tiene más tema de conversación que sí mismo, que se cree que te impresiona con sus historietas inventadas.

Frases y estrategias típicas del baboso:

  • Eres muy guapa /estás muy buena
  • (extranjeros) -¿eres de aquí? (saben perfectamente que sí) Pues pareces de mi país.
  • Una chica como tú tiene que tener novio seguro pero ¿estás soltera?
  • La estrategia de yo-soy-lo-más-tengo-mucho-dinero/masculinidad/potencia sexual.
  • La estrategia de te-doy pena-a-ver-si-cuela
  • La estrategia de te-invito-a-algo (a ver, imbécil: trabajo en un bar… si quiero algo, cosa difícil porque estoy todo el rato sirviendo lo mismo, me lo tomo sin que tenga que venir nadie a invitarme).
  • La estrategia de te-dejo-mucha-propina-a-ver-si-estás-agradecida.
  • La estrategia de te-como-con-los-ojos.
  • (y mi preferida, por ser la más estúpida) -¿estudias o trabajas? (a ver, anormal: si estoy detrás de la barra y por tanto trabajando, seguro que una de las opciones es que sí).

¿Le funcionan al baboso esas estrategias?

¡Jamás! Lo único que consiguen es que les ignores, de hecho, algunas veces hasta te dan miedo y estás en tensión hasta que se van.

Estrategias para evitar a los babosos:

  • Coge el periódico o cualquier papel que tengas a mano y finge que es muy importante lo que está escrito. También vale un pasatiempo, haz que estás concentrada.
  • Vete a la otra punta de la barra.
  • Finge que estás haciendo algo importante, como limpiar algún cacharro (da igual que el cacharro en cuestión esté impoluto).
  • Vete a hablar con otro cliente inofensivo y finge que la conversación es muy interesante.
  • Estás medio sorda y no oyes la mitad de lo que te dice. Se acabará cansando de gritar o de decir tres veces lo mismo.
  • Una vez que te haya pagado, ignórale y haz como que no existe.
  • Métete al almacén o a la cocina y haz un poco de ruido, como si estuvieras recogiendo.
  • ¡Pero qué cosa más interesante ponen por la tele! ¡no te puedes perder ni una palabra!
  • Encógete de hombros cada frase que diga y no le respondas a las preguntas personales. A veces funciona.
  • No les des las gracias por las propinas (te las mereces de sobra si tienes que soportar eso) y no aceptes su invitación por muy ofendido que diga sentirse. Si haces lo contrario, se crecerá.
  • No pares de hablar de lo maravilloso que es tu novio (aunque sea imaginario). Diga lo que diga, tu novio más y mejor. Tu novio va al gimnasio: haz que tenga miedo de que aparezca y le parta la cara. Nunca digas que eres lesbiana: eso no funciona. Podría empezar a imaginarse contigo y otra tía y será peor.
  • Tu novio/hermano/padre está a punto de llegar. Ya no le hará tanta gracia estar ahi molestándote cuando un posible defensor tuyo va a aparecer en cualquier momento.
  • Suénate los mocos en su presencia. A veces eso es suficiente para pararles los pies, si haces mucho ruido (sólo cuando no hay más clientes, es asqueroso).
  • Siempre tienes cosas interesantísimas e importantes que hacer después del trabajo. Si es con tu novio, mejor que mejor.

¿Es de cerdo?

Un musulmán entra en el criper y se pide una cerveza.

– ¿Algo de picar? -pregunta la camarera. El musulmán mira lo que hay y le señala la sangre.

– ¿Es de cerdo?

–  Ni idea -responde la camarera.

– ¿Cómo que ni idea? ¡Es tu obligación saber lo que vendes!

El musulmán comienza a darle la charla a la camarera, que finalmente se cansa y le dice:

– A ver: yo no lo he comprado, tampoco lo he cocinado y no lo he probado. Dígame, entonces ¿cómo voy a saber si es de cerdo o no? La sangre es sangre, con saber eso y que a los clientes les gusta es suficiente. De todas formas, si tienes dudas de si es o no de cerdo y tu religión te lo prohibe, es tan fácil como no probarla.

El musulmán se la queda mirando, se encoge de hombros y finalmente dice:

– Ponme un poco ¡Pero caliéntalo!

Comisión

Una choni entra al criper buscando cambio para el autobús.

– Lo siento, pero no tengo muchas monedas y sólo puedo cambiar para tabaco -responde la camarera.

La choni sonríe con superioridad y responde:

– Vale, entonces me cambias para tabaco.

La camarera coge el billete de 5 € y le devuelve dos monedas de dos euros.

– Oye, que me has dado de menos.

– Ya -responde la camarera -Con eso tienes para sacar tabaco. Una vez que lo hagas, te devolveré el euro que falta.

La choni protesta, diciendo que no quiere tabaco y que le devuelva el dinero.

La camarera vuelve a la caja y le da a la choni una moneda de 50 céntimos.

– Eh, ¡que sigue faltando!

– No. Es que te he cobrado comisión por hacerme perder el tiempo -responde tranquilamente la camarera, señalando la puerta. La choni, sin palabras, se marcha.