Archivos Mensuales: septiembre 2012

El loco (4)

El loco, meses después, entra en el Criper con un cigarro encendido. Antes de que pise el local, la camarera le ordena irse del local, sin éxito. Tras llamar al jefe, marca el 092 y explica la situación a la policía, que rápidamente se pone en camino.

El loco comienza a insultarla y a decir oscenidades: que si follas, que si te iba yo a echar un polvo, que si tengo una verga descomunal, que si va a ir a hacerse una paja pensando en ella. La camarera aguanta estoicamente, ignorándole en la medida de lo posible, incluso cuando comienza a hacer movimientos sospechosos detrás de la barra. Por suerte, la policía no tarda en aparecer y es entonces cuando, aliviada, comienza a explicar lo que ha pasado con una nota de histeria en su voz.

-¿Va a poner una denuncia? -pregunta uno de los agentes, llevándosela al otro lado de la barra mientras su compañero toma los datos al loco, con toda la paciencia del mundo.

-Hombre, por supuesto que voy a denunciarle -dice ella, cabreada y ligeramente temblorosa.

Poco después, los policías acaban de tomar declaración y todos los datos e intentan conducir al loco fuera del local amablemente. No obstante, éste no les hace caso y se vuelve a la camarera, diciendo que él era militar y un montón de imbecilidades sin sentido.

-¡Que no me importa tu puta vida, que te largues! -le grita ella, perdido ya el poco autocontrol que le quedaba. El loco coge un servilletero e intenta tirárselo, sin éxito gracias a que los agentes le detienen a tiempo. Por fin, le conducen fuera del local y la camarera se queda sola.

Al día siguiente, la camarera va a comisaría a denunciar los hechos y, tras una hora de espera, es atendida.

-No, si estamos hartos de él -dice el policía. Al parecer, el loco es un viejo conocido de los cuerpos de seguridad: le meten en el manicomio unos meses, le sueltan y, hasta que se le vuelve a internar, no hay día en que no tengan que ir por algún problema que ha causado, bien en su casa, bien en bares y otros locales-. No se preocupe, es inofensivo.

-Sí, es inofensivo pero casi me tira un servilletero a la cabeza. ¿Qué me asegura que la próxima vez no me saque una navaja? ¿Y mientras que llegáis tengo que quedarme ahí plantada viendo cómo se hace pajas tras la barra, sin poder decirle nada por si le da por atacarme? -pregunta la camarera, impotente. El tipo no tiene ni media hostia, pero con eso sólo se metería en problemas ella, mientras que el otro seguiría con lo suyo.

La única solución que le dan es que, cuando llegue el juicio, pida una orden de alejamiento. Como si eso fuera a servir para nada, piensa mientras sale de la comisaría. Desde ese momento, cada vez que baja al bar tiene el móvil bien a mano, aunque sigue sin estar convencida de la eficacia de dicha medida.

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