Archivos Mensuales: diciembre 2012

Alitas y un lugar para llamar

Un señor mayor entra al Criper y se queda mirando fijamente a la camarera, que espera pacientemente que le diga qué va a tomar.

-¿Tienes alitas de pollo?

Ella responde que no, que sólo tienen lo que ve en el mostrador.

-¿Segura? -pregunta tras un rato mirándola fijamente.

-Segurísima.

-Qué pena -suspira él, después de otro rato mirándola fijamente, tras lo cual vuelve a quedarse en el mismo estado de abstracción.

-¿Quiere algo más? -se impacienta la camarera, que empieza a ponerse nerviosa.

-¿Puedo llamar por teléfono? -reacciona el hombre, que sigue como perdido en su mundo.

-No tenemos teléfono público. Hay cabinas ahí enfrente -señala a la calle, justo delante.

El tipo, tras un último qué pena, sale y se mete en el bar de enfrente. Al rato vuelve al Críper, se pide un botellín, lo bebe a toda prisa y se larga tras pagarlo. Un par de semanas después vuelve a aparecer y, tras quedarse mirando fijamente a la camarera, pregunta:

-¿Tienes alitas de pollo?

-No -responde ella. Casi le da pena. Prácticamente hay alitas todos los días y el hombre ha ido a parar al bar justo dos días en los que no quedaban. No obstante, con esa actitud abstraída y su fijación por quedarse parado, callado y como en otro mundo sin apartar la vista de ella, la pone nerviosa.

-Qué pena -murmura él casi de inmediato-. ¿Algún lugar para llamar?

-No.

Sin decir nada más, el hombre se marcha al bar de enfrente bastante acelerado. El turno acaba y la camarera se marcha, pero algo le dice que al rato volverá, pedirá un botellín y, tras pagarlo, se largará.