Ocho bonos

Es primero de mes y, como siempre, la mujer entra al Críper y pide una infusión. Paga con un billete de cincuenta y, en cuanto la camarera le da el platito con las vueltas, lo coge y empieza a echar monedas a la máquina. Cuando se acaban las monedas empieza con el billete de cinco, luego con los dos de veinte y, cuando se terminan los billetes pequeños saca otro de cincuenta de la cartera y pide a la camarera que, por favor, se lo cambie. Sigue metiendo hasta que se queda otra vez sin billetes pequeños y repite la operación un par de veces, cada vez más frustrada.

Aunque la tragaperras le da premios, muchos de los cuales compensarían todo lo que se ha gastado, inmediatamente los transforma en bonos y sigue gastando. Finalmente, se queda sin billetes en la cartera y con ocho bonos en el marcador. La mujer suspira rabiosa y se dirige a la camarera:

-¿Me puedes dejar dos euros? Ya te los devolveré.

-No puedo hacer eso -responde ella. Ni quiero, añade mentalmente.

-El otro chico lo hace -miente la mujer.

-Si lo hiciera, sería con su propio dinero y no con el de la caja.

-Pero bueno -se indigna la otra sin motivos-. ¡Vas a dejar que me queden ahí los ocho bonos!

La camarera se encoge de hombros y la mujer se marcha muy enfadada a la renfe, refunfuñando.

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