No

Una choni entra al Críper y pregunta.

-¿Le das al tabaco?

-¿Me enseñas antes el DNI? -responde ella.

-No lo llevo encima.

-Pues entonces no.

-¿Puedo ir al baño?

-Es sólo para clientes.

-Venga, mujer.

-No. O consumes algo o no entras al baño.

-No llevo dinero.

-Si llevas para tabaco llevas para un café.

La choni se marcha entonces del local y, al rato, entra un extranjero. Tras varios intentos, la camarera entiende que quiere una marca de cerveza que no tienen y, cuando consigue explicárselo, el tipo se marcha. Poco después entra un tipo con carpetas, a todas luces un comercial, y empieza a darle la tabarra a la camarera.

-Mira, no. No soy la encargada, y de todas formas nosotros no servimos esa clase de comidas. Si quieres hablar con el jefe, ven cuando esté él.

El comercial pone cara de pánico cuando oye el horario del jefe y se larga, justo en el momento en que un vendedor ambulante entra con relojes y chaquetas de cuero a todas luces robadas.

-Compra algo, linda chica.

-No.

-Muy buen precio.

-No.

-¿Baño?

-Sólo para clientes.

-No entiendo.

-No pagas, no entras.

En ese instante entra un tipo, que es abordado inmediatamente por el vendedor. Le esquiva como puede y pregunta:

-¿Puedo entrar al baño?

-Es sólo para clientes -la camarera pone los ojos en blanco.

-¿Y si me meo?

-No es mi problema.

El tipo se larga, seguido por el vendedor ambulante y la camarera se queda sola un rato, hasta que entra una señora vestida de forma estrafalaria y le muestra una horrible botella deformada.

-Verás, soy artista y estoy buscando un punto de venta para mis creaciones.

-Mira, no. Además, si el jefe permitiera eso, vendería yo misma aquí mis propias monerías y no las de otros.

-Ah… ¿Me compras uno para decorar el local?

-No.

-¿Y para ti?

-No.

La artista se larga y entra, minutos después, una mujer pidiendo cambio para tabaco, agitando un billete de cincuenta.

-No puedo cambiarte tanto.

La señora se va y entra un chico que quiere cambiar para el autobús.

-No tengo mucho cambio, así que no.

-¡Pero el conductor no me deja pagar con uno de veinte!

-Pues debería. En cualquier caso, ya te he dicho que no puede ser.

Mientras acaba de decir esto entra otro tipo con carpetas que, en cuanto se va el chico, empieza a hablarle de lo mucho que trabaja su ONG. Tras media hora de charla, le presenta un impreso y dice que sólo serán cien euros al mes. La camarera le mira como si estuviera loco y responde.

-No los tengo.

-Si cien euros no son nada, y con eso podemos ayudar a muchas familias.

-Cien euros son mucho. Y me parece surrealista que vayáis pidiendo una colaboración mensual de tanto dinero a gente trabajadora.

-¿Una donación individual, entonces?

-No.

El hombre de la ONG se marcha y entra una señora, que pide un café y se sienta a la mesa. En ese momento la camarera se da cuenta de que, desde que ha empezado el turno, hace más de una hora y media, es su primera clienta. Y ni siquiera ha podido echarle una ojeada a sus apuntes, porque no la han dejado tranquila el tiempo suficiente.

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