Archivos Mensuales: agosto 2013

Paraba por aquí…

Un hombre mayor, con atuendo de cazador, entra al Críper.
—Hola.
—Hola —le saluda la camarera.
—No sabes quién soy, ¿verdad?
—Eh… no.
—Que sí, chica. Que yo paraba para aquí cuando eras pequeña.
—Ah… —responde ella, sin entender por qué cada cierto tiempo alguien que la conoció cuando era una mocosa pretende que se acuerde de la vez que se cruzaron de pasada.
—¿No está el jefe?
—No.
—Vaya —el tipo empieza a rezongar y a maldecir.
—Si es importante, le llamo.
—Nah, era sólo para que me invitara a un café.
—Como comprenderá, no le voy a hacer bajar para eso.
—Ya… y supongo que tú no…
—Pues no.
—En fin, dile que he pasado.
Y, sin decir ni su nombre, se marcha.

Actor

Un hombre de mediana edad entra al Críper con unas gafas enormes y, quitándoselas, pide un café. Mira de un lado a otro y hace muecas extrañas con la cara, pero la camarera pasa de él y pronto se cansa y empieza a traquetear con su teléfono.

No tardan en llamarle por teléfono y empieza a hablar en voz alta, alzando la voz y mirándola en determinados momentos. Es imposible no enterarse de que es uno de los actores principales de una conocida serie de la sobremesa: apenas se oye la mayor parte de lo que dice, pero casi grita cuando menciona la serie, la cadena, los actores que participan con él y otras palabras clave como famoso, reconocer agente, estreno o guión.

La camarera no ve mucho la tele y sigue sin saber quién es, pero tampoco le importa en lo más mínimo. Por eso, cuando cuelga el teléfono y la mira como esperando que ella comience un momento fan, se limita a pasar a la siguiente página del periódico.

Finalmente, el tipo se da por vencido y pregunta cuánto se debe.

—Perdona —dice ella cuando recoge las monedas. El actor alza la vista, coge una servilleta y saca un boli del bolsillo antes de que pueda añadir—: Faltan cinco céntimos.

La cara de decepción del hombre es de Oscar, y a ella casi le da pena, pero realmente no quiere un autógrafo suyo. Además, para qué engañarse, piensa que no le viene mal rebajar un poco su ego.