Exaltación de madre

El niño entra al Críper corriendo, sin rastro de su madre, y pide un vaso de agua. La camarera, con eso de que es un mocoso y que hace calor fuera, le pone uno hasta arriba, Se lo bebe de un trago, dejando la barra hecha un Cristo por todo lo que se le ha caído, y en el momento en que la camarera mete el vaso en el fregadero llega la madre.

—Gracias —sonríe ella. Va a la máquina de tabaco y se saca un paquete—. Vamos, cielo.

—Pero es que quiero más —protesta el niño.

—Las botellas de agua cuestan un euro —le sugiere la camarera a la madre, que ve que no lleva ninguna. La mujer se exalta, farfullando que está negando el agua a su niño y un montón de groserías, cada vez más ofensivas. La camarera, sin inmutarse, le responde—: En primer lugar, no le he negado el agua. Le he dado un cuarto de litro. En segundo lugar, yo vendo agua, no soy una fuente. Y, en tercer lugar, es su hijo y por tanto su responsabilidad tenerle hidratado. Si no quiere pasarse el verano insultando a camareros porque no quiere gastar dinero en algo tan básico, le recomiendo que salga siempre de casa con una botella de agua.

La mujer enrojece y, sin palabras, coge a su hijo y se marcha, con la cabeza en alto y paso marcial.

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