Archivos Mensuales: enero 2014

O baño o agua… o nada

Una choni entra en el Críper y pregunta dónde está el baño.

—Lo siento, es todo para clientes.

—Pues si me pido un vaso de agua ya soy cliente. Dame agua —dice en el tono más borde que su voz de pito puede conseguir.

—Si te doy agua encima tendrías que agradecérmelo, no entrar al baño.

—Bueno, vale. No entro al baño, pero dame agua —exige la otra, musitando algo así como un insulto.

—No —responde irritada la camarera—. Y menos si me lo pides así de mal. Cómprate una botella.

—No me da la gana pagar por el agua.

—Pues lo siento por ti. Esto es un negocio, no una fuente o un meadero público. Y hoy no me siento con ganas de satisfacer los caprichos de una niñata maleducada.

Al final, la choni sale del bar sin agua y meándose.

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Música

El bar está vacío y la camarera está estudiando, aburrida, cuando un hombre con acento andaluz entra al Críper y se pide un café.

—¿Qué? Te gusta la música, ¿eh? —pregunta, señalando al programa de videoclips que echan por la tele y que ella pone porque no hay nada que odie más que hacer zapping.

—No me disgusta —ella se encoge de hombros.

—Pero bueno, qué falta de entusiasmo, quilla. ¿Cómo que no te disgusta? La música es la sal de la vida, ¿o acaso puedes vivir sin música?

—Hombre, no me iba a morir sin ella tampoco —responde la camarera.

—¡No me lo creo! Una chiquilla tan bonita y tan joven como tú odia la música.

—Ya te he dicho que no me disgusta —suspira. Ya le ha tocado el pesado de turno y se está mentalizando.

—Sí, ya, a ver ¿cuál es tu grupo preferido?

—No tengo ningún grupo preferido. Si me gusta una canción, la descargo y punto. No tengo ni idea ni de quién es la mitad de lo que tengo metido en mi mp3.

—Si, bueno, pero al menos te gustará un estilo en concreto —ella le explica que en realidad no, y que entre sus favoritas hay una mezcla ecléctica de estilos—. Lo que yo te digo, tú odias la música —la camarera ignora cómo el tipo ha hecho la asociación “le gustan muchos estilos de música, ergo la odia”, pero como sabe que no se va a bajar del burro pasa de darle coba. Tampoco es como si hiciera falta, porque ya se la da solito—. A mí me encanta el flamenquito, vivo por el flamenquito, me da fuerzas. La otra música —mira de reojo a la tele— es mierda. Quiero decir, si hay que escucharlo se escucha, pero no es lo mismo. Por eso sólo escucho flamenquito.

—¿Quién es el que odia la música, entonces? —pregunta la camarera, sin darse cuenta, en voz alta, mientras pone los ojos en blanco. Está claro que para él únicamente es música su adorado flamenquito, porque no lo pilla y responde con seguridad:

—Pues eso, tú. Mira, te voy a hacer recomendaciones, ya verás como tras escucharlas te empieza a gustar la música.

Recita una larga lista mientras la camarera, haciendo como que le escucha, sigue estudiando con los apuntes bajo la barra y, tras pagar, se larga.