El viejo siniestro ataca de nuevo

Han pasado meses desde que apareció por última vez, pero cuando ya empieza a pensar que se ha librado de él al fin, el viejo atraviesa el umbral de nuevo. Pide lo mismo de siempre y se comporta igual. La camarera, por supuesto, sigue con su política de no hacerle caso salvo para ponerle lo que pida y cobrarle.
Así pasan varios días, hasta que se sienta justo delante de donde ella teclea con el ordenador e intenta entambrar una conversación. Ella le ignora y cuando se pone pesado le dice que está ocupada.
—¿Sabes? Eso también lo puedo hacer yo —se ríe como un maniaco y comienza a fingir que teclea sobre la barra, imitándola.
Ella aguanta estoicamente un rato, hasta que se harta, y, lanzándole una mirada que deja poca duda sobre lo que siente hacia él, coge su netbook y se traslada a la otra punt del local.
—Venga —protesta, sin dejar de fingir que teclea—, ¿te cuento un chiste?
La camarera finge que no le oye y sigue a lo suyo, sin lanzar una sola mirada en su dirección, pero cuando llega la hora de cobrarle vuelve a la carga:
—Pues esto era un—
—¡Que no me interesan tus chistes, leñe!
—Si no es un chiste. Es algo que me pasó de niño.
—Me importa un bledo —responde ella, volviendo a su sitio, lo más lejos posible de él. finalmente, se marcha. Al día siguiente no vuelve a entrar, pero pasa tres veces por la puerta del local en lo que dura su turno.

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