El misterioso señor de la boina

El señor de la boina entra al Críper y, cuan pastor en medio del monte, grita, como todas las semanas:

—¡Qué! ¿Ya tan engañao?

La camarera, que hace tiempo ha renunciado a explicarle que ese es su turno desde hace años y que no es como si estuviera haciendo horas extra o algo por el estilo, se encoge de hombros como respuesta y le sirve el solysombra de costumbre.

—Y el jefe qué, ya ta durmiendo el jodio cabrón, ¿no? —ella vuelve a encogerse de hombros, como si no lo supiera—. Qué bien vive el condenao —finaliza, bebiendo de un trago la copa y poniendo el dinero sobre la barra.

Cuando regresa la camarera con el cambio, continua con sus frases de siempre.

—Buah, pos hace que no le veo… nunca tá cuando bajo. Tú dile que he tao aquí ¿eh?

Y se va, de nuevo sin decir su nombre, ni de dónde es, ni dar ninguna pista para que el jefe pueda por fin saber quién es.

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