Archivos Mensuales: julio 2014

Pesado a la francesa

Dos hombres entran al Críper y, tras pedir, se ponen a hablar en francés. Al poco rato, uno de ellos se marcha y el otro se queda solo, con la archiconocida cara de no me quiero ir pero tampoco me voy a quedar sin hablar. La camarera intuye que la tranquilidad no va a durar. Como de costumbre, no se equivoca.

—Era mi amigo. Es francés. Bueno, no es francés, pero lo habla —dice el tipo—. ¿Tú hablas francés?

—No —miente ella, con la esperanza de que su dominio del español no le alcance para intentar mantener un monólogo al nivel de los clientes pesados habituales. Esperanzas inmediatamente frustradas.

—Pues mal. Hay que hablar idiomas, es muy importante. Yo soy profesor, llevo aquí veinte años.

—Ya hablo otros idiomas —le intenta cortar, antes de que sea demasiado tarde. Pero sin éxito.

—Pues eso está muy bien porque…

A continuación comienza una parrafada que va desde lo importante que es saber muchos idiomas hoy en día hasta lo necesario que es madrugar para aprovechar el tiempo y ser positivo en la vida. La camarera se limita a hacer algún ruidito de vez en cuando mientras sigue leyendo el periódico. Cuando lo acaba el tipo sigue charlando, de modo que empieza a lanzarle indirectas, poniéndose a contar moneditas y, tras eso, a limpiar la barra. El tipo sigue sin darse por aludido y se limita a alzar la voz, para que oiga mejor sus desvaríos. No se va hasta que ella, como último recurso, se mete en el almacén y finge estar muy ocupada.

Navajas

Un extranjero entra al Críper y se pide un café mientras se le carga el móvil. Se le ve aburrido, e intenta agacharse junto al enchufe para jugar a algo, pero no le sale bien y al rato desiste. El entretenimiento que busc a lo encuentra en la acera de enfrente, donde dos taxistas se ponen a discutir.
—Eh, que hay bronca —le dice a la camarera, animado.
—No es en serio —responde ella, porque esos dos siempre están gruñéndose mutuamente.
—Oh —suspira, pero aun así empieza a comentar lo que los dos hombres hacen como si fuera un partido de fútbol. Al rato, se aburre y se queja—. Jo, no paran de gritar. Nosotros hace ya un rato que habríamos sacado las navajas.
La camarera se le queda mirando alucinada, sin saber qué responder. Por suerte, el tipo, aburrido al ver que no llegan a las manos, coge su móvil, paga y se marcha.