La peripuesta rubia cincuentona

Cuentan los del turno de noche que la rubia de bote cincuentona, siempre muy peripuesta y repintada, entra cada día al Críper y acorrala al primero que coge por banda, le conozca o no le conozca. Entonces comienza a hablarle a velocidad de vértigo de cómo su marido la engañó con una panchita, de lo mucho que se alegra de que ahora él tenga cáncer, de los cotilleos de su vecindario y de los programas más cutres de la televisión. Los clientes habituales ya se limitan a escapar o a contestarla de malas maneras, pero ella no se amilana: siempre puede acorralar a la de la limpieza o al camarero.

Hace poco han dicho a la camarera que el otro día vieron a la peripuesta rubia cincuentona por la zona, más o menos a la hora que empieza su turno. Desde entonces, cada vez que ve una señora mayor que va arreglada como si fuera su noche de bingo, se pone a temblar.

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