La hermana del drogadicto

Una mujer entra al Criper y pide un café. En cuanto se lo pone, planta una foto frente a la camarera y le pregunta:

-¿Le conoces?

-Pues no -responde ella.

-¿Eres nueva, entonces? -inquiere, convencida.

-No, llevo aquí cinco años.

-Pues entonces le tienes que conocer -exclama la mujer-. Paraba por la zona.

-Que parara por la zona no implica que parara en este bar.

-Que sí, que sí. Que seguro que era en este -insiste la mujer.

-En cualquier caso, aun en el caso que parara en este bar, no necesariamente tenía que hacerlo en este turno -replica la camarera. Por alguna razón, ciertos clientes creen que los camareros son omnipresentes y que lo saben todo de todo el mundo, aunque no hayan tenido ningún contacto con esa persona..

-Aun así, tienes que haber oído hablar de él. Se tiró por el balcón el año pasado por estas fechas.

-No me han hablado de nadie que se haya tirado de ningún sitio.

El tono de la camarera comienza a ser hastiado, pero eso no hace desistir a la mujer.

-Que sí, que sí. Era drogadicto, ¿sabes?

-No, no sé.

-Estaba muy metido en eso, una pena. Y luego se tiró por el balcón. ¿Seguro que…?

-Seguro -dice la camarera, tajante.

-Pues es una pena, una pena. Como estaba metido en eso, y debía a todo el mundo, y luego pasó lo del balcón… Pues se me ocurrió que quizás no se había tirado, ¿sabes? Y por eso busco a sus conocidos, por si sabían algo, ya sabes -comenta, tristemente.

-Pues lo siento, pero no puedo ayudarte.

-Qué pena. Es una pena. Tan joven que era, pero claro, se metió en las drogas. ¿No se te ocurre quién podía conocerle? Paraba por la zona, casi seguro que en este bar.

-No. Como no vengas más tarde a preguntar a los otros compañeros… Si estaba metido en drogas y en cosas turbias, es poco probable que apareciera en este turno, que es el del café de después de comer.

-Claro, claro, si tienes razón. Pero mejor no vengo a molestar a nadie, ¿no podrías preguntar tú?

-No -responde ella, en un tema que no admite réplica. Lo que le faltaba, dedicarse a hacer preguntas comprometidas sobre un drogadicto que pudo haber sido asesinado por sus camellos.

-Bueno, pues nada. Mejor me voy ya… -dice entonces la mujer, como decepcionada, empezando a recoger.

-El café es uno con veinticinco -suelta entones la camarera, viendo que la otra se hace la loca.

-Ay, sí, se me había olvidado. Como me he puesto tan triste…

La única respuesta de la camarera es extender la mano. La mujer hace un gesto de contrariedad, y rebusca entre sus cosas para tenderle las monedas juntas, murmurando algo así como:

-Esta chica no tiene corazón.

La camarera la observa marchar, preguntándose si la historia será cierta o si se trata simplemente de una ingeniosa táctica para intentar marcharse de los bares sin pagar.

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