A gatas

Un hombre entra al Críper y pide un café. Tras bebérselo, entra al baño. La camarera sigue a lo suyo, luego se acerca a retirar el vaso vacío y algo por el rabillo del ojo llama su atención: el tipo está gateando hacia la puerta, seguramente con la intención de escabullirse sin pagar disimuladamente.

-Págame -ordena la camarera.

-Es que… me quedo sin pasta para el metro -se excusa, aún en el suelo.

-No es mi problema. Te lo hubieras pensado antes de pedir el café -responde ella, inflexible.

El hombre se levanta del suelo y le tiene con cara de pena una moneda de dos euros. Evidentemente, no conmueve en lo más mínimo a la joven, que está más que harta de los gorrones.

-Hala, macho. No te preocupes por el metro -dice, tendiéndole el cambio-. Con esto tienes para la mitad del billete. Ya que te gusta tanto gatear, te pones a hacerlo en la entrada de la estación y lo mismo algún buen samaritano pica y te da la otra mitad. Conmigo, desde luego, no cuentes.

Él recoge el cambio con cara de ofendido y se larga, altivo, y la camarera le observa, desconcertada por los extremos a los que llegan algunos por ahorrarse un euro veinticinco.

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