No me he dado cuenta

Cuando la camarera llega, las dos mujeres ya están borrachas como cubas. Llevan cinco cubatas cada una y apenas pueden hablar sin trabarse, pero siguen allí durante una hora, hablando de incoherencias. La camarera se va al otro lado de la barra, con la columna en medio, y se pone a leer hasta que huele humo. Se asoma y las dos mujeres se callan, pero no ve ningún cigarro. No obstante, duda que se haya equivocado y recurre a una triquiñuela: hace como que se vuelve y luego se gira rápidamente. Efectivamente, en cuanto las mujeres creen que ya no les presta atención, una de ellas se lleva el cigarro que tenía escondido a la boca.

-Apágalo ya -le ordena la camarera.

-Ah, ya. Que huele, ¿no?

-Apágalo.

-Vale, vale, que no me he dado cuenta -dice la fumadora borracha.

-Y por eso lo escondes -replica la camarera-. Apágalo ya.

La borracha y su amiga se levantan, pero en vez de salirse o de apagarlo se quedan frente a la camarera intentando convencerla de que no lo han hecho a propósito.

-Que no me cuentes historias. Es la última vez que te digo que lo apagues -dice la camarera, al borde de estallar. Tiene unas ganas tremendas de darles dos bofetadas a cada una, no aguanta a los borrachos. Por suerte, su tono es lo bastante amenazante y la mujer por fin sale a apagar el cigarro. Su amiga no para su diatriba en defensa de la fumadora, y luego la propia fumadora vuelve a la carga.

-¡Chitón! -les dice la camarera-. Dejadme en paz y no lo volváis a hacer. Punto.

-¿Qué pasa, que te has levantado con resaca y estás cabreada porque tienes que trabajar?

-Yo no bebo. Y aunque lo hiciera, en este momento mi problema no es tener que trabajar, sino tener que aguantar vuestra monserga.

Las dos mujeres se quedan mirándola, aleladas, y finalmente se vuelven a sentar y de nuevo vuelven a su charla incoherente sin molestar. Una hora después, se levantan para marcharse y la fumadora dice:

-Bueno, adiós y lo siento si te hemos molestado.

-Que no te disculpes, que hemos dicho que no te has dado cuenta.

-Ah, sí, se me había olvidado -responde la otra mientras salen a la calle.

La camarera pone los ojos en blanco y las mira andar dando tumbos y caerse. Luego se pone a limpiar la mesa en la que han estado sentadas: como era de esperar, la han dejado hecha un asco. Definitivamente, odia a los borrachos.

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