El fugado

En cuanto la camarera ve de lejos al tipo, con la bata del hospital puesta, dos enormes bolsones y aires de desorientado, sabe que acabará en el Críper. No en vano toda la gente extraña acaba allí.
-Comida, comida -dice cuando, por supuesto, entra en el local.
-No -dice la camarera-. Vuelve al hospital.
<<Al menos lleva unos pantalones puestos>>, piensa. <<Solo me faltaba que no llevara nada debajo de esa bata>>.
-Ayuda, comida, comida -insiste él.
-Que no.
-Si quieres comida, te vuelves al hospital y allí te dan de comer -interviene un cliente, quitándole las palabras de la boca a la camarera.
-Por favor, comida, ayuda, comida -repite el fugado.
La camarera se harta y saca el teléfono para avisar a la policía: está claro que el hombre no está bien y que no debería haberse marchado del hospital. Necesita ayuda, pero no precisamente que le den de comer y le dejen seguir su vagabundeo. En cuanto el tipo ve lo que va a hacer, coge sus bártulos, sale del local y pronto desaparece de la vista: no tiene ninguna intención de volver al hospital.

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