Archivos Mensuales: noviembre 2015

Bolas chinas

Una mujer entra al Críper y pregunta, como desesperada:

-¿Tienes un enchufe en el que pueda cargar el móvil? Es que es urgente.

La camarera asiente y ella se pide un tercio, saca el enchufe y se encajona con un taburete entre la tragaperras y la máquina de tabaco. No para de teclear y de hacer llamadas hasta que, una hora después, la camarera le dice:

-Oye, disculpa pero una cosa es que tengas una emergencia y necesites el enchufe y otra es abusar.

-Ah, sí, perdona. Como no estoy acostumbrada a beber tercios… Pero bueno, dame otro -responde, y sigue enganchada al teléfono. Hace una larga llamada, bastante acalorada y una hora después, cuando la camarera está dispuesta a llamarle de nuevo la atención, cuelga el móvil furiosa y pide a la camarera otro tercio.

-Era mi ex. Le he dado puerta hace una semana -le cuenta. Por su tono, la camarera sabe que toca resignarse a escuchar un largo monólogo: le va a contar su vida en verso y prosa-: Me dejó embarazada a los diecisiete y, veinte años después, hemos vuelto. Esos veinte años estuvo con una zorra a la que le gustaba darle por el culo, luego volvió conmigo porque la zorra no me llegaba a la suela de los zapatos. Era una vulgar, de esas que te montan el pollo en plena calle, no me llegaba a la suela de los zapatos.

-Ajá -responde la camarera, al quedarse la mujer mirándola en espera de un comentario.

-Pues bien, la semana pasada me harté de él y le he dado puerta. Que es un desgraciado. Yo tengo a un tío rico, detallista, que está detrás de mí. Tiene tres coches, tres, no como el otro, que no tiene donde caerse muerto. Pero no me hace tilín como ese desgraciado, ¿sabes? -Pega otro trago al tercio.

-Claro.

-Pero es que el desgraciado, ya le he dicho: <<Tú ni para el sexo vales>>. Porque él solo aguanta uno, y si acaso. Claro, como le gustaba dar por culo a la otra, y yo le he dicho que nanai… Además, mi vagina está más apretada que el culo de esa zorra. Que he dado a luz, pero le he dado mucho a las bolas chinas. Tanto que me pasé y ahora como mucho me pueden meter una de tamaño estándar. Pero vamos, que para hacerlo con el desgraciado uso el consolador que llevo en el bolso, ¿quieres verlo?

-Eh… no.

La mujer, que por fin se ha dado cuenta de que ha estado contándole su vida sexual a una desconocida a la que le importa un carajo, enrojece, le paga los tercios y se marcha, un poco tambaleante.

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