Archivos Mensuales: diciembre 2015

Rumana

Dos rumanos jóvenes entran al Críper y, tras pedir sus cafés, preguntan a la camarera.

-¿Eres rumana?

-No -responde ella-. Soy española.

-Pero tus padres son rumanos, ¿no?

-No. Son de Madrid y de León.

-Pero tus abuelos sí que son rumanos… -insiste uno de ellos.

-No. De Madrid, Toledo y León.

-¿Y tus bisabuelos?

-A tanto, no llego -se encoge de hombros ella.

-Seguro que eran rumanos -dicen los dos, al unísono.

-Lo dudo -es lo único que dice la camarera, que vuelve a sus asuntos.

Los dos rumanos se quedan un rato más, pagan y se marchan. Apenas veinte segundos después de que salgan, entra un señor mayor y otro chico joven, ambos con un fuerte acento del este. Mientras les sirve los cafés, el hombre mayor le pregunta:

-¿Eres rumana? -Ella niega con la cabeza, alucinando-. Pero tienes familia rumana, ¿a que sí?

-No.

-¿Segura?

-Sí.

-Pues pareces rumana -acaba el señor y, al igual que los otros dos, ambos se quedan un rato más, pagan y se marchan. La camarera casi espera que vuelva a entrar otra pareja de rumanos para interrogarla por sus antepasados, pero el resto de su turno la cosa está tranquila.

Anuncios

Todo de marca

Una mujer entra al Críper y se pide un café. Rebusca en su bolso de marca y va sacando más artículos de marca, sin olvidar susurrarle a la camarera qué modelo es cada cosa y lo caro que es, mientras la joven sonríe y asiente aunque le importe un pimiento: las marcas no le dicen nada y, además, esa mujer es de las que, por mucho que lleven miles de euros puestos, entre ropa y complementos, siguen pareciendo unas chonis.

Por fin saca el teléfono y se pone a charlar un rato. Luego, cuando su interlocutor se cansa de ella, cuelga el teléfono y se vuelve a la camarera. La acecha hasta que puede pillarla por banda y empieza a hablar de que tiene un apartamento precioso y muy caro, con unos muebles de diseño muy caros y unas obras de arte carísimas que son una inversión y que se van a revalorizar.

La camarera, aburrida pero sin escapatoria, sigue escuchando hasta que entra otro cliente y puede por fin librarse. Al ver que su última oyente no parece por la labor de volver por su zona porque ha empezado una conversación en otra parte, pide que le cobre.

-Ay, ¡a que ahora no voy a tener! -rie la mujer.

-Pues tendrás que dejar algo en prenda -responde la camarera. No sabe por qué no le sorprende.

-¡Pero si lo más barato que yo llevo vale veinte veces más de lo que te debo! -protesta, con tono ofendido.

-Si así es, te darás prisa por volver y pagarme el café -dice la camarera. Cuando comprende que habla en serio, la mujer comienza a rebuscar en su bolso, frenética, y por fin encuentra una moneda de dos euros. Se la entrega a la camarera y se marcha aferrando su bolso como si, en cualquier momento, la envidiosa chica que hay tras la barra fuera a robarle alguna de sus preciosas posesiones de marca.