Archivos Mensuales: septiembre 2016

El pesado

El pesado entra de cuando en cuando en el Críper. Muchas veces se le ve asomarse a los otros bares, pero todos sospechan que no le dejan entrar. Y a nadie le extraña, porque, como su apodo indica, es un pesado.

Cuando entra, tiene por costumbre acechar las conversaciones ajenas y meterse en ellas en el momento más inoportuno, con el comentario más inapropiado. Lo hace tanto que espanta a los clientes y, aunque la camarera ya le ha advertido más de una vez que no debe meterse en conversaciones ajenas, al tipo le entra por un oído y le sale por el otro.

Una vez más, el pesado entra al Críper y los dos clientes que hay ese momento ponen los ojos en blanco. Por suerte, son de los que no se callan y, en cuanto hace amago de meterse donde no le llaman, le dicen que se calle y que les deje en paz. Aun así, el pesado sigue acechando, erre que erre, y en cuanto se descuidan, vuelve a la carga.

-Bueno, vale ya -le dice la camarera-. ¿Cuántas veces te tengo que decir que no molestes al resto de clientes?

-Vale, vale -suspira el tipo. Pero sigue acechando hasta que se da cuenta de que las miradas de hostilidad que le dirigen todos no son nada bueno.

-No le aguanto más -le dice al jefe la camarera-. ¡Es que además espanta a todo el mundo!

-Si yo no le dejo entrar -responde el jefe. Ella le fulmina con la mirada-. Se me olvidó comentártelo.

La camarera lo deja pasar y prefiere centrarse en la sensación de alivio que la embarga. Ya no tendrá que aguantar al pesado nunca más… y los clientes también.