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El loco (4)

El loco, meses después, entra en el Criper con un cigarro encendido. Antes de que pise el local, la camarera le ordena irse del local, sin éxito. Tras llamar al jefe, marca el 092 y explica la situación a la policía, que rápidamente se pone en camino.

El loco comienza a insultarla y a decir oscenidades: que si follas, que si te iba yo a echar un polvo, que si tengo una verga descomunal, que si va a ir a hacerse una paja pensando en ella. La camarera aguanta estoicamente, ignorándole en la medida de lo posible, incluso cuando comienza a hacer movimientos sospechosos detrás de la barra. Por suerte, la policía no tarda en aparecer y es entonces cuando, aliviada, comienza a explicar lo que ha pasado con una nota de histeria en su voz.

-¿Va a poner una denuncia? -pregunta uno de los agentes, llevándosela al otro lado de la barra mientras su compañero toma los datos al loco, con toda la paciencia del mundo.

-Hombre, por supuesto que voy a denunciarle -dice ella, cabreada y ligeramente temblorosa.

Poco después, los policías acaban de tomar declaración y todos los datos e intentan conducir al loco fuera del local amablemente. No obstante, éste no les hace caso y se vuelve a la camarera, diciendo que él era militar y un montón de imbecilidades sin sentido.

-¡Que no me importa tu puta vida, que te largues! -le grita ella, perdido ya el poco autocontrol que le quedaba. El loco coge un servilletero e intenta tirárselo, sin éxito gracias a que los agentes le detienen a tiempo. Por fin, le conducen fuera del local y la camarera se queda sola.

Al día siguiente, la camarera va a comisaría a denunciar los hechos y, tras una hora de espera, es atendida.

-No, si estamos hartos de él -dice el policía. Al parecer, el loco es un viejo conocido de los cuerpos de seguridad: le meten en el manicomio unos meses, le sueltan y, hasta que se le vuelve a internar, no hay día en que no tengan que ir por algún problema que ha causado, bien en su casa, bien en bares y otros locales-. No se preocupe, es inofensivo.

-Sí, es inofensivo pero casi me tira un servilletero a la cabeza. ¿Qué me asegura que la próxima vez no me saque una navaja? ¿Y mientras que llegáis tengo que quedarme ahí plantada viendo cómo se hace pajas tras la barra, sin poder decirle nada por si le da por atacarme? -pregunta la camarera, impotente. El tipo no tiene ni media hostia, pero con eso sólo se metería en problemas ella, mientras que el otro seguiría con lo suyo.

La única solución que le dan es que, cuando llegue el juicio, pida una orden de alejamiento. Como si eso fuera a servir para nada, piensa mientras sale de la comisaría. Desde ese momento, cada vez que baja al bar tiene el móvil bien a mano, aunque sigue sin estar convencida de la eficacia de dicha medida.

De viejecillo encantador a viejo siniestro

El viejecillo empieza a ir al Criper y a la camarera le da mucha pena, así que le da conversación. Hablan de tonterías, de cosas que no tienen ninguna importancia, pero al viejecillo parece encantarle y, al parecer, empieza a creer que es son grandes amigos.
Al cabo de un tiempo, el viejecillo comienza a dejar propinas, para que se tome una chuche, justo antes de marcharse, y cada vez se toma más refrescos, pero la camarera lo achaca a que se aburre y no le da importancia.
La cosa empieza a ponerse extraña cuando el viejecillo se va de vacaciones y le pide a la camarera su teléfono para preguntarle qué tiempo hace en Alcorcón. Ella se queda en blanco y se niega a dárselo, pero el hombre insiste y, como no está la cosa para perder clientes, y menos clientes que se dejan todos los días una pasta, acaba dándole el teléfono del bar, que no funciona bien y ni siquiera suena la mitad de las veces. No obstante, eso no es impedimento para que el sujeto llame varias veces.
Cuando el viejo vuelve de vacaciones, la camarera está dispuesta a tener una charla con él, pero parece normal y al final lo acaba achacando a que el hombre se aburría realmente. No obstante, se queda desconcertada cuando se siente aludido con un comentario que hace sobre lo harta que está de los clientes babosos que no paran de mirar su trasero, aunque no lo dijera por él (más tarde, se da cuenta de que el viejo siempre se coloca en el sitio donde mejor puede mirar su culo). Más desconcertada se queda cuando, en otra ocasión, el viejo ve cómo mete las propinas en el bote y empieza a discutir, diciendo que esas propinas son para ella, para que se compre una chuche.
-Mira, todas las propinas van para el bote. Si no quieres que vayan, no me las des y si quieres que me tome una chuche no me des propina porque no voy a gastarlo en esas idioteces -acaba por decirle.
Al día siguiente, el viejo aparece con una chuche y ella empieza a pensar que está metida dentro de una extraña película surrealista. A pesar de todo, el viejo parece con ganas de reconciliarse y la camarera decide darle una oportunidad, así que hace las paces con él dándole la mano a pesar de que ni ella acepta la chuche ni él le deja propina.
No obstante, al día siguiente pretende darle la mano de nuevo y al siguiente igual, hasta que ella se harta y le dice que no le da la gana darle la mano todos los días. Empieza entonces otra discusión que acaba cuando, tras intentar meter el viejo la mano tras la barra, ella amenaza con echarle.
Ese mismo día la camarera le dice al jefe que ya no va a dar coba al viejo y que lo siente mucho si pierde un cliente, pero que a partir de ese momento va a ignorarle. Al jefe no le queda más remedio que aceptarlo (más que nada porque la otra opción que ha propuesto la camarera es usar el derecho de admisión y no dejarle entrar) y cuando el viejo se asoma y pregunta si puede pasar, ella responde:
-Si te vas a comportar, puedes pasar.
Pero el viejo vuelve a discutir y ella acaba diciéndole que en el chino de más arriba, aunque no tiene barra ni puedes sentarte dentro, venden los refrescos más baratos y que no le importa en lo más mínimo que no vuelva a pasar por el Criper.
Al cabo de un tiempo el viejo vuelve a asomarse preguntando lo mismo y ella le responde lo mismo. Pasa todo el rato ignorándole, en tensión, contestando con monosílabos, pero al viejo eso no le impide hablar con ella y decir lo mucho que ha adelgazado y lo largo que tiene el pelo, y que debería hacerse un moño porque así estaría más guapa. Ella se muerde la lengua y sigue ignorándole, lo que no impide que siga llegando todos los días y soltando impertinencias.
Una tarde, el viejo aparece y le dice que si le haría el favor de acompañarle al mediamark para comprarse un ordenador y ella se niega; en otra ocasión empieza a decir que qué guapa va; y todos los días, sin excepción, intenta sacar el tema del tiempo y del modelito que lleva la camarera en ese momento (que siempre son camisetas anchas y vaqueros cómodos lo menos llamativos posibles). También le entra la paranoia cuando le hace preguntas ridículas que ella no tiene interés en responder (ni en conocer la respuesta) y, al responder que no lo sabe, empieza a decir que sí que lo sabe, pero que no se lo quiere decir.
Como si los metros cuadrados que tiene España o gilipolleces similares fueran un secreto nacional, piensa ella, ignorándole por completo.
El colmo ya llega cuando el viejo le pregunta cuánto pesa.
-No es de tu incumbencia -responde ella, sin mirarle.
-Oye, que el que seas muy inteligente no implica que tengas que ser una maleducada.
La camarera se queda flipada y le dice que lo que es de maleducados es preguntarle a una mujer cuánto pesa. El viejo se levanta, paga, y dice antes de salir:
-Has cambiado, y tú y yo sabemos por qué.
-Sí, porque no sabes comportarte y has cruzado la línea demasiadas veces -dice, aunque el viejo parece no hacer caso.
No vuelve en mucho tiempo y la camarera empieza a confiar en que ha sido la última vez que le ha visto, pero no… no podía ser tan fácil. Un día mira hacia el bar de enfrente y ahí está él, de pie con su refresco, mirando por la ventana directamente hacia ella. La camarera le ignora y sigue a lo suyo, como si no le hubiera visto, y al rato se abre la puerta y el viejo entra en el Criper.
Él sigue intentando que responda a sus provocaciones y ella sigue comportándose como siempre, preguntándose internamente qué diablos tiene que hacer para que el viejo no vuelva a pisar el bar… ¡Si al menos no se dejara tanto dinero en refrescos!

El loco (parte 2)

Pasan varias semanas antes de que el loco vuelva a aparecer por el Criper. Entra y pide un licor de manzana sin alcohol, pero no queda y empieza a gimotear porque la camarera se niega a servírselo. Le cuesta un rato aceptar que no hay y acaba por pedir un zumo de naranja, aunque apenas lo prueba y se dedica a mirar fijamente a la camarera y a decir cosas extrañas.

La camarera acaba por ignorarle y se dedica a leer el periódico, pero cuando entra otro cliente y se pone a molestarle ella tiene que volver a prestarle atención para que deje en paz al inocente. Por finm sale disparada en cuanto llega el relevo.

A partir de ese día, el loco vuelve a aparecer de vez en cuando y sigue siempre la misma pauta, hasta que ocurre lo inevitable: se topa con un cliente que tiene tendencias de alborotador. Comienzan a discutir sobre un tema absurdo y el alborotador empieza a cabrearse. La camarera intenta que haya paz y lo único que consigue es que le den la chapa los dos a la vez: el loco con sus locuras y el alborotador, que podría ser su padre, intentando ligársela y fardando de que tiene un cochazo.

La camarera mira con esperanza el reloj y espera resignada el cambio de turno, mientras los otros dos, al ver que no les sigue la corriente, vuelven a discutir, esta vez sobre fórmula uno. En estas llega el jefe y la camarera se va a casa nada más pisa el local.

Cuando vuelve a ver al jefe, éste dice que no vuelva a dejar entrar al loco en el local, porque intentó pegarse con el alborotador y tuvo que echarles a los dos del local pocos minutos después de que ella se fuera.

El acosador (parte 2)

El acosador viene en más ocasiones al Criper, pero como hay gente se queda callado en un rincón e incluso reacciona a la hostilidad de la camarera marchándose antes.

Pero un día se vuelve a quedar él solo y empieza de nuevo. Finalmente, el mal carácter de la camarera sale a relucir y le dice que se marche.

– Aun tengo licor para beberme, guapa, preciosa.

La camarera se limita a ir al almacén, coge un vaso de plástico y vierte el contenido de la copa en el mismo.

– Ya está, ahora te puedes ir.

– ¡Menudo trato! -exclama  el acosador. -Tendré que hablar con el jefe.

– Vale, habla con él y de paso le dices que me acosas cada vez que encuentras la ocasión. Como vuelvas por aquí, llamaré a la policía y pediré una orden de alejamiento, ¡tio mierda! -dice la camarera increíblemente cabreada, cogiendo el palo que siempre tiene detrás de la barra para reforzar su amenaza.

El acosador se va enfadadísimo y al rato aparece el jefe, al que la camarera cuenta lo que ha pasado.

– ¡Pero si ese no tiene ni media hostia! -exclama el jefe riendo.

– Sí, pero no por eso tengo que aguantar sus gilipolleces ni sus faltas de respeto -responde la camarera, cruzándose de brazos. El jefe asiente y veta la entrada del acosador al Criper.

El acosador (parte 1)

Cuando la camarera entra en el bar, ya está dentro un latino bajito y enclenque, bastante feucho y con una horrible visera en la cabeza. Es un cliente habitual (aunque no ha coincidido con su turno antes) y por tanto hay que ser amable con él, así que cuando le tiende la mano, aunque saludar así a desconocidos en pleno verano, le estrecha la mano a su vez.

No obstante, el acosador se pasa tres pueblos (la primera vez de muchas) y decide hacerle un besamanos. La camarera aparta la mano rápidamente y le lanza una mirada de reproche y advertencia, tras lo cual sigue a lo suyo.

El acosador no tarda en pedir otro tercio y pide (o más bien exige) a la camarera que se cobre otra consumición para ella, a pesar de que ella ha insistido en que acaba de comer y no le apetece nada. Como empieza a montar la bronca, gritando que se sentirá ofendidísimo si no lo acepta, acaba por cobrárselo para no oirle, pero no se toma nada.

Luego empieza a decir sin parar que qué guapa, que es una persona triste que no sonríe (¿cómo va a sonreir, si tiene a un pesado que no la deja en paz?) y no atiende a razones: hora y media se pasa sin parar de lanzar piropos ofensivos y pedirle que le de la mano nuevamente (evidentemente, no se la da).

Finalmente, tiene que venir un compañero y la camarera se prepara para ir a casa mientras le cuenta lo que ha pasado.

– Ten cuidado con ese, que está recogiendo -dice.

La camarera, algo asustada pero más enfadada que otra cosa, pone las llaves de su casa a modo de puño americano y se limita a decir:

– ¡Que se atreva!

Por suerte, el acosador está borracho y falto de reflejos, además de no haber pagado aun la cuenta, y la camarera se puede marchar sin que éste le siga.

El baboso: ese horrible espécimen

¿Qué es un baboso?

Un cliente, generalmente no habitual, que te mira como si estuvieras desnuda y no te quita la vista de encima un segundo.

Un imbécil que se cree que por decirte que eres guapa y mirarte apreciativamente (aunque la mirada es más bien de salido) va a ganar puntos contigo.

Un idiota machista que no tiene más tema de conversación que sí mismo, que se cree que te impresiona con sus historietas inventadas.

Frases y estrategias típicas del baboso:

  • Eres muy guapa /estás muy buena
  • (extranjeros) -¿eres de aquí? (saben perfectamente que sí) Pues pareces de mi país.
  • Una chica como tú tiene que tener novio seguro pero ¿estás soltera?
  • La estrategia de yo-soy-lo-más-tengo-mucho-dinero/masculinidad/potencia sexual.
  • La estrategia de te-doy pena-a-ver-si-cuela
  • La estrategia de te-invito-a-algo (a ver, imbécil: trabajo en un bar… si quiero algo, cosa difícil porque estoy todo el rato sirviendo lo mismo, me lo tomo sin que tenga que venir nadie a invitarme).
  • La estrategia de te-dejo-mucha-propina-a-ver-si-estás-agradecida.
  • La estrategia de te-como-con-los-ojos.
  • (y mi preferida, por ser la más estúpida) -¿estudias o trabajas? (a ver, anormal: si estoy detrás de la barra y por tanto trabajando, seguro que una de las opciones es que sí).

¿Le funcionan al baboso esas estrategias?

¡Jamás! Lo único que consiguen es que les ignores, de hecho, algunas veces hasta te dan miedo y estás en tensión hasta que se van.

Estrategias para evitar a los babosos:

  • Coge el periódico o cualquier papel que tengas a mano y finge que es muy importante lo que está escrito. También vale un pasatiempo, haz que estás concentrada.
  • Vete a la otra punta de la barra.
  • Finge que estás haciendo algo importante, como limpiar algún cacharro (da igual que el cacharro en cuestión esté impoluto).
  • Vete a hablar con otro cliente inofensivo y finge que la conversación es muy interesante.
  • Estás medio sorda y no oyes la mitad de lo que te dice. Se acabará cansando de gritar o de decir tres veces lo mismo.
  • Una vez que te haya pagado, ignórale y haz como que no existe.
  • Métete al almacén o a la cocina y haz un poco de ruido, como si estuvieras recogiendo.
  • ¡Pero qué cosa más interesante ponen por la tele! ¡no te puedes perder ni una palabra!
  • Encógete de hombros cada frase que diga y no le respondas a las preguntas personales. A veces funciona.
  • No les des las gracias por las propinas (te las mereces de sobra si tienes que soportar eso) y no aceptes su invitación por muy ofendido que diga sentirse. Si haces lo contrario, se crecerá.
  • No pares de hablar de lo maravilloso que es tu novio (aunque sea imaginario). Diga lo que diga, tu novio más y mejor. Tu novio va al gimnasio: haz que tenga miedo de que aparezca y le parta la cara. Nunca digas que eres lesbiana: eso no funciona. Podría empezar a imaginarse contigo y otra tía y será peor.
  • Tu novio/hermano/padre está a punto de llegar. Ya no le hará tanta gracia estar ahi molestándote cuando un posible defensor tuyo va a aparecer en cualquier momento.
  • Suénate los mocos en su presencia. A veces eso es suficiente para pararles los pies, si haces mucho ruido (sólo cuando no hay más clientes, es asqueroso).
  • Siempre tienes cosas interesantísimas e importantes que hacer después del trabajo. Si es con tu novio, mejor que mejor.