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El loco defensor

Uno de los clientes habituales del Críper está oficialmente loco. No loco como el que tuvo que denunciar la camarera, es un loco con el que se puede charlar tranquilamente. De hecho, por lo que ha contado, en el lugar donde va a terapia hay un tipo que se sobrepasa con las mujeres y ya se ha enfrentado a él varias veces para protegerlas.

Un día, el loco se queda muy pendiente de la ventana y, cuando ve pasar a su objetivo, se enzarza con él y le amenaza. Luego vuelve al bar tranquilamente y dice:

-Ese es él. Se va a enterar de lo que es bueno, como no rectifique su comportamiento voy a estar encima de él a la menor ocasión. Total, como estoy loco, aunque me delate no va a haber consecuencias.

A partir de ese momento, el loco, sobre esa hora, vigila por la ventana del bar, pero no vuelve a verle pasar.

-Qué raro -dice él-. Tiene que pasar por aquí para llegar a su casa.

-Si sabe que le estás esperando, seguramente salga por la otra boca de metro y dé un rodeo -dice la camarera.

-Ah, pues en eso no había caído yo -comenta él, pensativo.

Desde ese día, el loco viene un poco antes y se marcha siempre en dirección a la otra boca de metro cuando calcula que el otro va a pasar.

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Me espera la Reina

Hay un cliente que siempre pide varias cervezas cada día y casi siempre las hace anotar en una cuenta hasta que su padre le da la paga o su novia, que nadie sabe por qué le aguanta, le invita. Todos los habituales del Críper se extrañaron cuando se ausentó una larga temporada -con una cuenta sin pagar bastante inflada, por cierto- hasta que uno de los que le conocen descubrió el motivo y corrió a contárselo al resto:

-Se volvió loco de remate y, cuando quisieron llevárselo al hospital, decía que no quería, que esperaba a la Reina y que no podía marcharse.

En el fondo, nadie se extraña, porque el tipo, además de beber mucho, se mete de todo. Lo que sí deja a todos flipando es cuando le dicen al camarero que está preguntando por él y que por qué no ha ido a visitarle al hospital.

-Si no somos amigos ni nada, ¿a santo de qué voy a ir a verle?

También pregunta por otro de los clientes, que no quería saber nada de él ni cuando estaba cuerdo y pide a todos que, por favor, le prevengan cuando vuelva por ahí para no aparecer. Poco a poco van sabiendo más detalles, como que la novia le ha dejado por fin, pero pronto la rutina se vuelve a instalar en el bar y el asunto queda olvidado.