Archivos Mensuales: agosto 2015

La máquina

Una pareja entra al Críper y se pone a mirar la máquina de tabaco como si fuera incomprensible.
-¿Qué vale esto? -pregunta la mujer, señalando una de las fotos.
-Pulsa en el botón y te sale -le dice la camarera-. No, eso no es un botón, es un número -le indica cuando empieza a dar golpecitos en el número de encima de la foto. La mujer empieza a dar golpes en la imagen del paquete-. Eso tampoco es un botón. Más abajo.
Por fin acierta y, cuando marca 4,40€, niegan con la cabeza y se van. Al rato vuelven con dos billetes de cinco y miran la máquina fijamente otra vez, buscando algo.
-No tiene para billetes -les advierte la camarera-. Si queréis, os cambio.
-No, tengo monedas -dice la mujer, y empieza a rebuscar en su monedero. Echa algunas monedas y, cuando quedan 20 céntimos, pulsa para sacar el paquete varias veces y bloquea la máquina así que, cuando echa lo que falta, no va.
-No funciona -protesta. Las monedas son expulsadas.
-Mete todo el dinero antes de pulsar -le recomienda la camarera.
-Ahhh. O sea, que tengo que meter todas las monedas rápido y luego darle. -La camarera asiente-. Vamos,cariño, estate atento y en cuanto las haya echado todas le das.
La mujer echa todas las monedas muy rápido y grita a su pareja:
-Venga, ahora, dale.
El hombre pega un bote y pulsa el botón, haciendo que el paquete salga. Lo cogen sonrientes y se lo muestran a la camarera, que les devuelve la sonrisa, sin molestarse en explicarles que no era necesario tomarse la entrada de monedas como una carrera, y les desea una buena tarde.

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No me he dado cuenta

Cuando la camarera llega, las dos mujeres ya están borrachas como cubas. Llevan cinco cubatas cada una y apenas pueden hablar sin trabarse, pero siguen allí durante una hora, hablando de incoherencias. La camarera se va al otro lado de la barra, con la columna en medio, y se pone a leer hasta que huele humo. Se asoma y las dos mujeres se callan, pero no ve ningún cigarro. No obstante, duda que se haya equivocado y recurre a una triquiñuela: hace como que se vuelve y luego se gira rápidamente. Efectivamente, en cuanto las mujeres creen que ya no les presta atención, una de ellas se lleva el cigarro que tenía escondido a la boca.

-Apágalo ya -le ordena la camarera.

-Ah, ya. Que huele, ¿no?

-Apágalo.

-Vale, vale, que no me he dado cuenta -dice la fumadora borracha.

-Y por eso lo escondes -replica la camarera-. Apágalo ya.

La borracha y su amiga se levantan, pero en vez de salirse o de apagarlo se quedan frente a la camarera intentando convencerla de que no lo han hecho a propósito.

-Que no me cuentes historias. Es la última vez que te digo que lo apagues -dice la camarera, al borde de estallar. Tiene unas ganas tremendas de darles dos bofetadas a cada una, no aguanta a los borrachos. Por suerte, su tono es lo bastante amenazante y la mujer por fin sale a apagar el cigarro. Su amiga no para su diatriba en defensa de la fumadora, y luego la propia fumadora vuelve a la carga.

-¡Chitón! -les dice la camarera-. Dejadme en paz y no lo volváis a hacer. Punto.

-¿Qué pasa, que te has levantado con resaca y estás cabreada porque tienes que trabajar?

-Yo no bebo. Y aunque lo hiciera, en este momento mi problema no es tener que trabajar, sino tener que aguantar vuestra monserga.

Las dos mujeres se quedan mirándola, aleladas, y finalmente se vuelven a sentar y de nuevo vuelven a su charla incoherente sin molestar. Una hora después, se levantan para marcharse y la fumadora dice:

-Bueno, adiós y lo siento si te hemos molestado.

-Que no te disculpes, que hemos dicho que no te has dado cuenta.

-Ah, sí, se me había olvidado -responde la otra mientras salen a la calle.

La camarera pone los ojos en blanco y las mira andar dando tumbos y caerse. Luego se pone a limpiar la mesa en la que han estado sentadas: como era de esperar, la han dejado hecha un asco. Definitivamente, odia a los borrachos.