Archivos Mensuales: marzo 2014

El viejo siniestro ataca de nuevo

Han pasado meses desde que apareció por última vez, pero cuando ya empieza a pensar que se ha librado de él al fin, el viejo atraviesa el umbral de nuevo. Pide lo mismo de siempre y se comporta igual. La camarera, por supuesto, sigue con su política de no hacerle caso salvo para ponerle lo que pida y cobrarle.
Así pasan varios días, hasta que se sienta justo delante de donde ella teclea con el ordenador e intenta entambrar una conversación. Ella le ignora y cuando se pone pesado le dice que está ocupada.
—¿Sabes? Eso también lo puedo hacer yo —se ríe como un maniaco y comienza a fingir que teclea sobre la barra, imitándola.
Ella aguanta estoicamente un rato, hasta que se harta, y, lanzándole una mirada que deja poca duda sobre lo que siente hacia él, coge su netbook y se traslada a la otra punt del local.
—Venga —protesta, sin dejar de fingir que teclea—, ¿te cuento un chiste?
La camarera finge que no le oye y sigue a lo suyo, sin lanzar una sola mirada en su dirección, pero cuando llega la hora de cobrarle vuelve a la carga:
—Pues esto era un—
—¡Que no me interesan tus chistes, leñe!
—Si no es un chiste. Es algo que me pasó de niño.
—Me importa un bledo —responde ella, volviendo a su sitio, lo más lejos posible de él. finalmente, se marcha. Al día siguiente no vuelve a entrar, pero pasa tres veces por la puerta del local en lo que dura su turno.

Anuncios

¿Eso es un ordenador?

La camarera escribe un relato en su portátil cuando el señor entra al Críper y está a punto de darse un buen golpe al tropezar consigo mismo. Tras asegurarse de que no está pedo ni se la va a liar, ponerle el café y cobrarle, vuelve a lo suyo. Él la mira fijamente un rato mientras teclea y luego pregunta:

—¿Eso es un ordenador?

—¿Perdón? —contesta ella, creyendo haber entendido mal.

—Que si eso es un ordenador.

—Eh… pues… claro.

—Ah —responde el hombre. Ni siquiera es un anciano, rondará los cuarenta y cinco, lo que hace la situación aún más absurda. De modo que la camarera decide seguir escribiendo como si fuera normal que alguien no sepa cómo es un ordenador portátil y no darle coba. Tampoco sabría cómo hacerlo, de todos modos. Por suerte, el extraño personaje no hace más preguntas extrañas.