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El botellín

Cuando la camarera llega, los tres abuelos llevan ya unas cuantas rondas. El jefe le dice que, si quieren más, tiene que ponerles un vino en concreto y cerveza, pero ella se fija en que uno de los que beben cerveza tiene botellín y el otro parece estar bebiendo cañas. Que es lo mismo, pero no es igual.

-Pon otra ronda -pide al rato uno de los abuelos.

-El vino y, ¿una caña y un botellín? -pregunta ella. Están los tres, pero solo habla el que pide.

-Bah, nah, dos botellines y ya.

La camarera le hace caso pero, en cuanto el que sospechaba que bebía caña ve el botellín ante él, dice:

-Yo no quiero botellín, que quiero caña.

-Yo he preguntado -se excusa la camarera. Y estabas delante, piensa.

-Que no, que yo no quiero botellín, coño, que llevo todo el rato bebiendo caña y ahora me pones botellín -se enfada el hombre.

-Si antes de servirle he preguntado… -La camarera mira al tipo que le ha metido en el lío, y este interviene:

-Que le he dicho yo que te ponga el botijo, cojones.

-¿Y tú quién coño eres para pedir por mí, hostia? -le replica el otro, muy ofendido.

Ambos se ponen a discutir hasta que el tercero cambia de tema y hacen una tregua. La camarera se retira entonces al otro lado de la barra, mientras el de la caña echa el contenido del botellín en su vaso y se lo bebe sin hacerle ascos.

El fugado

En cuanto la camarera ve de lejos al tipo, con la bata del hospital puesta, dos enormes bolsones y aires de desorientado, sabe que acabará en el Críper. No en vano toda la gente extraña acaba allí.
-Comida, comida -dice cuando, por supuesto, entra en el local.
-No -dice la camarera-. Vuelve al hospital.
<<Al menos lleva unos pantalones puestos>>, piensa. <<Solo me faltaba que no llevara nada debajo de esa bata>>.
-Ayuda, comida, comida -insiste él.
-Que no.
-Si quieres comida, te vuelves al hospital y allí te dan de comer -interviene un cliente, quitándole las palabras de la boca a la camarera.
-Por favor, comida, ayuda, comida -repite el fugado.
La camarera se harta y saca el teléfono para avisar a la policía: está claro que el hombre no está bien y que no debería haberse marchado del hospital. Necesita ayuda, pero no precisamente que le den de comer y le dejen seguir su vagabundeo. En cuanto el tipo ve lo que va a hacer, coge sus bártulos, sale del local y pronto desaparece de la vista: no tiene ninguna intención de volver al hospital.